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La Coctelera

alesa41

3 Octubre 2008

Hablar es Plata, Callar es Oro

Para mis conocidos y amigos, que tendrán a su alrededor muchisimas personas con este perfil,

Esto es para aquella gente que no piensa antes de hablar y que no se hace cargo de lo que dice una vez que expresó su opinión, tanto verbalmente como en versión escrita.

Dios quiera que al leer esto, algunos tengan la capacidad de reflexionar y puedan saber discernir cuándo debe hablar y cuando debe llamarse al silencio.

Si a su alrededor existe gente de este tipo, deben ser muy cuidadosos, pues ellos tienen una rara bipolaridad, y la verdad que ustedes dicen...puede convertirse en un abrir y cerrar de ojos en una mentira.

Hablar es plata, callar es oro

Autor: Padre Eusebio Gómez Navarro OCD

Era un experto en repetir las habladurías que llegaban a sus oídos. "Lo malo
no es, dijo el maestro, que las repitas, sino que cada vez lo hagas con
mayor maestría".

La lengua es un miembro pequeño, pero puede mucho (St 3,5). Es cierto, con
la lengua damos vida o matamos, ponemos alas en el otro o lo hundimos. La
palabra es creativa o destructiva, según se la use.

Una palabra agradable, dicha en el momento oportuno, ilumina
toda la existencia y ayuda a caminar. La palabra sabia orienta; la palabra
cariñosa levanta y da ánimo; la palabra amorosa es fuente de energía y de
bendición. Basta una sola palabra de vida para que la sanación ocurra al
instante en quien la escucha y en quien la pronuncia.

Basta, sin embargo, una palabra hiriente para que el veneno del
odio y el resentimiento aniden en el corazón. Basta una sola palabra para
crear discordia, para destruir una vida, para matar el amor.

Hablar es muy fácil; saber callar ya es algo más serio, requiere
prudencia y dominio. Saber hablar a tiempo, en el momento oportuno, es
salvación para quien necesita esa palabra de vida; saber callar cuando la
otra persona no está preparada para recibir un consejo o un reproche, es
sabiduría que no tiene precio.

De la vida de Cristo me llama la atención, precisamente, el uso
que hace de la palabra. Fue sincero, leal, acostumbrado a llamar a las cosas
por su nombre. Llamó al pan pan y al vino vino. Con sencillez enseñó a los
discípulos a decir sí o no, según lo exigía la pregunta.

La palabra del Maestro fue amable, penetrante y convincente. Con
ella cura, sana, levanta, anima y bendice. Pero también con su palabra
denuncia la ceguera, la hipocresía, el mal. Él supo hablar para hacer el
bien y supo callar ante las infamias y atropellos que le hicieron. Con su
palabra encendía corazones y con su silencio desconcertaba al enemigo.

¿Cómo usamos la palabra?

Hay muchas personas que usan la lengua para hablar
orgullosamente de sí mismos y mal de los otros. Hay quienes, como víboras,
cada vez que abren su boca, arrojan veneno y pican a los demás. Pero también
lo hay que usan la palabra para consolar, para restituir la fama de los
otros, para aclarar chismes, para hablar bien del prójimo y mejor aún de
Dios.

Si esto sucede con el hablar, lo mismo acontece con el callar.
Hay personas que callan por cobardía, por quedar bien, por no comprometerse.
Hay personas que tienen la obligación de hablar, de denunciar la injusticia
y la opresión y callan e imponen, a su vez, un silencio sepulcral a los
demás. Hay personas que se pasan toda la vida callados, simplemente por
miedo, por cobardía, porque es más fácil, porque no tienen nada que decir.
Sin embargo, los hay valientes que callan ante los defectos del hermano o
cuando hablan bien de sí mismos o cuando son calumniados e injuriados.

Es importante aprender a hablar y a callar. Es una asignatura
pendiente que tenemos todos los humanos

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